Andén de Moreno

Espiral de dagas invisibles. Viento tirano que lacera cada gesto sin olvidar la llovizna. Palabras de un policía que, resignado, viste un vientre de embarazada y fuma su sueldo consumido en una bala... Andén de Moreno. Anciano de paraguas que olvida todo amanecer dentado, esquiva lágrimas de un aceite hecho cemento y acaricia, sin rabia, un alambrado desteñido...

Frío. Hombres y mujeres hunden el cuello como palomas somnolientas, y escudriñan en un centenar de bolsillos buscando esa moneda ausente que apenas paga la espera. Colillas de cigarrillo que caen. Rieles que susurran una violación. Andén de Moreno. Vendedor de alfajores que abraza la contratapa del diario “Crónica”; modelo semidesnuda castigando sus labios de colágeno en una hamburguesa invernal. Cielo que se acurruca, temeroso, ante el malhumor de los relámpagos: ladrón de carteras que vigila su rebaño. Paquetes de galletitas estallan en un puño para luego, arrugados, besar a un preservativo que, apenas enterrado, yace huérfano de toda pasión sobre el polvo de la urgencia.

Tren y destino. Silencio de la cavilación inesperada. Pastizal y mendigos. Carne esculpida a fuego, a la espera de un estómago resignado al vacío perpetuo. Basura. Valija repleta de despedidas junto a zapatos recién lustrados. Pedregullo de petróleo: anhelo de una caricia ataviada de guantes infantiles. “¿A qué hora sale?”. “A las 17.35”. Acero ágil que descansa mientras, longevo, su color original se resquebraja cual puñado de nieve frente a una hoguera.

Andén de Moreno. Subir despacio cada peldaño; pugnar por un asiento cómodo. Lenguas que silban al unísono: sordera disfrazada de interrogante. Una niña muere, recostada sobre las vías. Una niña nace, sin llanto, en los brazos de una cigüeña hambrienta de esperanzas. El dolor, al igual que la memoria y el deseo, se disipan con la velocidad... Sin abonar boleto, una manada de bicicletas, maquilladas de barro, comparte esta oda a la melancolía...

Locomotora impaciente: hora de irse. Barras de chocolate que no se venden. Andén de Moreno. El viaje de demasiados es la llegada de unos pocos... pero hay que intentarlo. Como esos hombros que ahora cargan sobre sí el misterio de unas alforjas colmadas de pasado: hay que intentarlo.

Comentarios

Anónimo dijo…
No conocía Moreno. Hasta leer este texto...

Tu poesía tiene tripas e imaginación. Me has hecho ver más allá...

Gracias por tanto vuelo.

Indigo

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