Gimnasia Localizada

El tipo dobla la esquina y me sorprende apretando el humo con los dientes mientras el Seba se caga de risa de la gimnasia localizada y comenta que “ese gordo no cambia más” hasta que el visitante inesperado decide plantarse frente a nosotros a llanto limpio y sin dejar de chorrear por la boca una sangre que le rebalsa copiosamente las encías hasta gotear sobre su panza desnuda típica de empleado de panadería para luego inclinarse con violencia y mostrarnos las huellas de un botellazo que le ha abierto la cabeza un centímetro por encima de la nuca pero el golpe en cuestión no le impide pronunciar un “quiero plata para irme a mi casa” al que nosotros eludimos señalándole una esquina cercana donde supuestamente puede dar con un policía que jamás está aunque todo esto lo hacemos reuniendo fuerzas para no soltar la carcajada pese a que el Seba se muestre como un experto en el arte de la simulación porque de seguro el tipo es un peruano como el que desmayamos a patadas una vez de esos que se la pasan en los cabarets más decadentes de la ciudad y que por lo general terminan sus noches de descontrol peleando a navajazo limpio por una mujer siempre ajena dado que hasta entre ellos se detestan además de que siempre son personajes sin documentos o desocupados aunque eso no les quita su devoción por la cerveza un lunes a las 7 de la mañana cuando todo el mundo se levanta para ir a trabajar o la fuerza para agarrarse a trompadas pese a que la cicatriz que la supuesta víctima borracha nos muestra y que se extiende desde el hombro hasta el codo de su brazo izquierdo deja en claro que el asunto no siempre se resuelve a los puños igual al Seba esta reflexión no le importa demasiado y me hace una seña casi imperceptible con la cabeza para que crucemos la calle con el fin de poder terminar tranquilos nuestros tabacos madrugadores en la vereda de enfrente por más que el peruano no deje de insistir entre quejidos y balbuceos mojados que quiere “plata para irme a mi casa” y a través de su boca nuevamente deje caer otro bocado carmín aunque esta vez acompañado de un diente pero nosotros no estamos para resolver este tipo de cuestiones porque sabemos desde chicos que en cualquier punto de la metrópoli que nos tiene como habitantes se cruzan oportunistas de manera ininterrumpida con intenciones de sacarte plata para cubrir sus vicios y demás excesos porque estos tipos son capaces de tomar la cabeza de una vieja jubilada y darla contra la pared de una iglesia sin que tal acto les provoque el más ínfimo remordimiento así que no sería de sospechar que luego se ocupen de sorprender a simples charlatanes como el Seba y yo mientras nos fumamos la vida sin otras preocupaciones que aumentar nuestras respectivas colecciones de Manga y Animé japonés o espiar a la vecina de un departamento pegado al mío que siempre llega a su casa de madrugada con un candidato distinto y jamás se molesta en saludarme pese a que tenga una perra igual a la que me regalaron a mí hace menos de un año lo cual me hace suponer que visita al mismo veterinario que yo para aplicarle a su mascota esa inyección anticonceptiva que termina por atrofiarle la naturaleza a cualquiera aunque es preferible eso a tener que soportar los domingos solo en mi departamento desde que mi última novia me cambió por mi Papá o el aburrimiento que me produce el no tener un par de largavistas que me permitan espiar a los vecinos de la torre de enfrente igual debo decir que la chica deseada también parece compartir la pasión que yo siento por la música autóctona de una tribu ecuatoriana extinguida hace una semana claro que a estas composiciones no las disfruto a la deriva sino que suelo acompañarlas con una botella de whisky barato que compro en el minimercado coreano ubicado a media cuadra de mi departamento mientras aprovecho para bajarme un par de videos pornos con alguna brasileña voluptuosa que se asemeje a ese modelo de amante que nunca tuve pero esta ilusión no es sólo mía sino que también al Seba le sucede algo parecido y por eso siempre nos la pasamos imaginando unas vacaciones en el Trópico completamente alejados de esos colectivos o taxis que no se cansan de aturdir a cualquier cartonero con sus bocinazos al tiempo que los insultos de 3 millones de transeúntes mueren en los escalones que dan al subterráneo sea invierno o verano pero más allá de que todo pensamiento como el esbozado no sea otra cosa que una alucinación lo importante en este momento es cruzar la calle para disfrutar del Philip Morris y volver a reírnos de la gimnasia localizada o de los abusos de mi jefe hipocondríaco que no se resigna a mi costumbre de chatear mientras reviso los balances de su empresa de seguridad privada e insiste con hacerme pasar casi un día entero frente a la computadora sin que por ello se digne a pagarme un extra junto con mi sueldo y esto pese a que se acerquen la Navidad y las vacaciones o tenga ganas de cambiar todos los muebles de mi departamento por unos diseños Bauhaus en caño y vidrio a los que accedí por recomendación de un salvadoreño que vive en Chipre y que conocí vía Messenger aunque vale decir que esta idea no la adivina mi jefe y mucho menos el Seba que sólo aspira a conseguir por unos pocos pesos algún amplificador norteamericano para su guitarra con la consiguiente oportunidad de ganar chicas u hombres fáciles que esto significa sobre todo si se comprende que hoy el éxito favorece a los que tenemos menos de 30 y que particularidades como la juventud y la consagración o se dan juntas o se pierden para siempre porque el mundo exige velocidad y razonamiento sagaz para no dejar pasar a ese tren que a veces no pasa pero que cuando pasa te entrega la satisfacción absoluta sin que tengas que volver a depender o preocuparte por el otro lo cual significa tener la posibilidad de darte mil gustos como entrar a la carrera en un Shopping con la billetera rebosante de plata para después llevarte dos o tres ejemplares de todo aquello que se te antoja y luego volver un día más tarde con la oportunidad de llevarte más todavía pese a que en tu casa tapizada de comodidades electro-funcionales aún no esté viejo o usado lo que compraste hace 1 mes pero eso no merece discutirse porque el mundo es así tal como te lo enseña día a día el ejemplo de tus padres pese a que alguna vez ellos intentaron con uno poner en práctica ese discursito respecto a que “lo valioso no tiene precio” aunque la prédica fue rápidamente abandonada cuando los viejos decidieron al fin separarse y dar inicio a una guerra campal que incluyó desde bienes y créditos en el Bank Boston hasta el pie ortopédico de la abuela pero lo mío no es vivir en el pasado y a eso ayudó el nuevo novio de Mamá al salirme de garante para la compra de mi departamento sin que por ello me importe que el tipo haya sido el Personal Trainer de mi viejo o el profesor de Educación Física de mi hermana porque las cosas hay que manejarlas de otro modo o sea sin tener que recurrir a protocolos o ceremonias obviamente esta postura también me permitió entender a Papá cuando anunció su romance con la que por entonces era mi novia desde la adolescencia ya que ahora los problemas pueden solucionarse con más facilidad que antes y un ejemplo de tal predisposición puede ubicarse en esta actitud de cruzar la calle un lunes a las 7 de la mañana para que nadie interrumpa la charla sobre gimnasia localizada que sostenemos el Seba y yo mientras nos ahogamos en nicotina aunque el diálogo no nos impide agudizar la mirada burlona para dar con el peruano de los dientes sangrantes y verlo alejarse con la espalda negra de moretones rumbo a una esquina donde ningún policía espera para instantes después comprobar como el personaje se transforma en una pelota grasosa que elude un kiosco de chapas verdes completamente ajeno a nuestros “esta ciudad esta enferma, chabón” o “menos mal que nosotros todavía estamos al margen de todo ese desquicio” pero cuando queremos seguir meditando sobre estas cosas nos damos cuenta que ya es tarde y los cigarrillos se han acabado por lo que alcanzo a dedicarle al Seba un “mandáme un mensaje de texto si ubicás al tipo que te vende la ayaguasca” sin que las palabras y el deseo que en este preciso instante me surge por tatuarme en el muslo una palabra vietnamita que no conozco ni entiendo pero que vi por primera vez en un libro que hojeé hace unos días en una estación de servicio Shell nos impida fundirnos en un abrazo que nos devuelva a esa sensación de felicidad desdichada que nos embargaba sin titubeos antes de llegar a una conclusión que ahora nos hace caer en la certeza de que son apenas unos pocos aquellos que tienen el privilegio de protagonizar una vida tan maravillosamente pura o tremendamente plena y espiritual como la que llevamos a diario el Seba y yo.

Comentarios

Anónimo dijo…
Podrá decirse cualquier cosa de este escrito pero, por favor! Es una radiografía de la degradación cotidiana y en un estilo de escritura que rompe con todo. Te felicito.

Maurihno.
Anónimo dijo…
me gustó sobre todo el final

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