Rebotar

Otra vez la puerta reventada a rasguños. La estela blanca de la ropa con carne que atropella la madera a toda velocidad para rebotar.

Las manos, las tuyas, las que acarician y ahorcan, las que cosechan el esperma y me cierran los párpados cada vez que muero, de pronto astilladas por el filo de la palabra hecha violencia.

Rebotar.

Mi fracaso vuelve a despertarse enredado.

Y encuentra en tu espalda el mejor espejo para volverse una rama lacia de sauce verde.

No alcanzan los brazos para contener tantos errores engordados con la leche que chorrea de mi lengua.

Los desaciertos tienen más de cuatros patas y tantos pares de ojos como cabellos se secan cada día en mi cabeza.

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