Cliff Burton

Cuando un hombre miente

asesina una parte del mundo.

Esas son las pálidas muertes

a las que los hombres mal llaman sus vidas.

Ya no puedo cargar con todo esto

seguir siendo testigo.

El reino de la salvación no puede llevarme a casa.

Más de una vez pensé en cuánto hay de verdad en eso del hombre que al mentir asesina. En que quizás esa es la primera forma de atentar contra alguien. La mentira como una suerte de barrera que nace para impedir la continuidad de algo. Y lo arbitraria que resulta esa misma muralla o muro. ¿Por qué? Porque nace de la voluntad de una sola de las partes. El mentiroso, mientras miente, se adueña y bloquea una historia que avanza en búsqueda de una continuidad y, si se quiere, un final.

A partir de su accionar toma posesión de ese epílogo. Ahora las cosas serán a su antojo. Lo que había antes no es más que un territorio fértil que presta su tierra y sus raíces para que el que concibe la mentira ponga en marcha otro relato. Por ende, ese mismo antecedente que hace de cimiento está destinado a morir. Lo mismo que el devenir surgido en la veracidad, que hasta la aparición del mentiroso aspiraba a desembocar o tomar la forma de otro acontecimiento.

Lo verosímil de algunas mentiras hace que el asesinato inherente a su uso sea, además, perpetrado también a través de la traición. La mentira se disfraza y simula tan bien ser una verdad, que termina siendo casi imposible distinguir a una de la otra. El que cree el nuevo argumento falso cae en la trampa: es baleado por la espalda: no debió haber confiado. Todo ese proceso no se da por inercia: opera a través de la voluntad. De alguien. De varios alguien. De tantos que al final no es nadie. Por encima de estas identidades (im)precisas queda el egoísmo y la imposición despiadada del que miente. El asesino de posibilidades. El verdugo de una parte del mundo que muere cercenada con el parto que da origen a la mentira. Habrá una historia que jamás será contada. Y todos somos testigos y partícipes de eso a cada hora.

A través de esta reflexión me gustaría pensar que puedo estar cerca de lo planteado por Cliff Burton, músico y compositor, en el breve poema que aparece en el exordio de este escrito. La premisa básica de este texto, debo confesarlo, era dar cuenta de uno de los músicos más talentosos en la historia del rock, pero lo cierto es que tras chocarme por enésima vez con las ideas que aparecen casi como tajos en un pasaje del instrumental de Metallica “To live is to Die”, me resultó imposible no detenerme a intentar una ligera interpretación, un atisbo de lectura entrelíneas, de lo concebido por el bajista antes de su temprana muerte, en 1986.

Pero el legado de Cliff Burton, hay que decirlo, no termina en ese poema. Por el contrario, su historia y aporte son intensos aunque el músico vivió sólo 24 años. Nacido en San Francisco, California, el 10 de febrero de 1962, comenzó su carrera aprendiendo piano a los 6 años. Se lanzó a tocar el bajo a partir de los 13. Jazz y música clásica fueron algunas de sus primeras influencias, para después sumar al rock. Desde Johann Sebastian Bach hasta Black Sabbath y los Misfits, pasando por la literatura de H.P. Lovecraft, aportaron matices en la técnica de un bajista que ligaba armonías, distorsión, y recursos más cercanos a la guitarra como el taping y el pedal de Wah-Wah.

Cliff Burton tocó por primera vez en vivo en Metallica el 5 de marzo de 1983, en reemplazo de Ron McGovney. Falleció el 27 de septiembre de 1986, cuando el micro que llevaba a la banda de gira por Suecia y Dinamarca volcó camino a Copenhague. Su lugar fue ocupado por Jason Newsted. Kill ‘Em All, Ride The Lighning y Master of Puppets son los discos en los que quedó plasmado buena parte de su talento.

Los instrumentales (Anesthesia) Pulling Teeth, The Call of Ktulu, Orion y To Live is To Die hablan por sí solos de su calidad como compositor y músico intérprete. A Burton también le corresponde, entre otras joyas, la intro del clásico For Whom the Bell Tolls (compuesta antes de su ingreso a Metallica).

En su honor, la banda presentó en 1987 la cinta Cliff ‘Em All, que a través de cortos de TV, videos profesionales y, principalmente, grabaciones efectuadas por los mismos fans, repasa numerosas presentaciones de Metallica con Cliff Burton empuñando su bajo.

Comentarios

Sparragol dijo…
Este hombre era una auténtica bestia al bajo. La humanidad perdió a un excelente músico. Gracias que dejó su legado.
Sparragol dijo…
Este hombre era una auténtica bestia al bajo. La humanidad perdió a un músico increíble. Doy las gracias por haber conservado su legado.
Metallica sin Clifford Lee Burton hubiera llegado a ser una banda más en el escenario del Trash californiano.

Es tan fuerte la influencia de Cliff Burton en la música de Metallica que la diferencia entre el primer y segundo album hace parecer que se tratara de dos grupos diferentes.
bruno dijo…
che, no lei el post, estoy muerto de sueño y me voy a dormi. Pero quiero que sepas que: 1) vivir es morir, es un temaso. 2) Cliff Em All, bajate ese video. 3) Tengo una foto de Cliff que me mira TODAS las noches cuando me voy a dormir.

Anastasia ES SARPADO.

Abrazo metalero.

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