Metallica en Argentina, 22 de enero de 2010

Complicado volver a posar los pies en la tierra, realmente. A eso responde, en buena medida, la imposibilidad de escribir de inmediato un comentario sobre el recital de Metallica del 22 de enero. Hubo furia. Hubo emoción. Hubo thrash. Y heavy. Y baladas. Y solos. Y una comunión con el público que perdurará por siempre.

Metallica. Tanto se ha escrito y hablado que se vuelve de lo más complicado aportar algo nuevo sobre la banda de música pesada más importante de la historia. La calidad, hace décadas, está fuera de discusión. Lo bestial de sus conciertos, lo mismo.

Metallica ha hecho historia imponiendo el thrash allá lejos, a principios de los 80, con Kill ‘em All. Rompió los límites de la composición dentro del rock con Master of Puppets y ...and Justice for All. Quebró marcas y transformó en masivo el heavy con el Black Album. Volvió a redefinirse con Load y Reload. Sorprendió al mundo con su S&M junto a la Sinfónica de San Francisco. Batalló y ganó nuevos laureles con St. Anger. Y volvió a consolidar su liderazgo de la mano de Death Magnetic.

Tanto se ha escrito y hablado...

Todavía conmocionado por el concierto, apenas si todavía me queda energía para contar que todo comenzó de la forma esperada: “The Ectasy of Gold” sonando de fondo, con las luces apagadas, y la proyección de una parte del western “El bueno, el malo y el feo”. Después vino el caos.

“Creeping Death”. “Ride the Lightning”. No terminaba de hacer pie cuando Hetfield tronó “Gimme fuel, gimme fire, gimme that which I desire!”. Llamaradas y “Fuel”.

“Hace casi diez años tendríamos que haber tocado aquí, pero no lo hicimos, no se dio, no era el momento. Les rompimos el corazón. Pero esta noche estamos aquí para curárselo”, se disculpó el vocalista más tarde.

La cura vino de la mano de nuevos mazazos: “Sad But True”, y los nuevos y furibundos “That Was Just Your Life”, “The End Of The Line”, y “The Judas Kiss”. Siempre del disco Death Magnetic los cuatro de San Francisco extrajeron otra joya: “Broken, Beat & Scarred”.

El Kill ‘em All dijo presente con “The four Horsemen”, uno de los himnos de la etapa más thrash de la banda.

Cerré los ojos cuando la desesperación del suicidio cobró la forma de una balada. Y llegó "Fade to Black". Mil imágenes en la cabeza: Sierra de la Ventana, Saldungaray, toda mi familia, Darío, Juan, Mauri, Shane, el Tiyo, el Tonga, el Pollo, el dodge.

Luego, Trenque Lauquen, Buenos Aires. Rodrigo, Maxi, Martín, Nico, Fede.

Amigos que el tiempo volvió mis hermanos para siempre. Mis hermanos...

Carla.

Life it seems, will fade away

Drifting further every day

Getting lost within myself

Nothing matters no one else

I have lost the will to live

Simply nothing more to give

There is nothing more for me

Need the end to set me free

"Fade to Black".

Metallica, la banda sonora de toda mi historia...

El estadio de River Plate volvió a estallar por efecto de una guerra en miniatura: cañonazos, bombas, napalm, balas trazadoras, y explosiones de todo tipo precedieron la llegada de otro de los clásicos: “One”.

No hubo descanso. “Master of Puppets”. “Battery”. Antes un freno con la entrañable “Nothing else Matters”, y el pogo más grande del planeta a la sombra del riff de “Enter Sandman”. Hubo una retirada del escenario. Luego, el retorno para detonar dos piezas magistrales: “Stone cold Crazy”, el cover de Queen, y la blindada “Fight fire with Fire”.

¿Para el final? Por supuesto: Seek and Destroy. Que contó con un condimento extra: James Hetfield bajó del escenario y se mezcló con la gente para hacer que distintas voces bramen con el cantante el estribillo más famoso.

En el medio se dieron algún que otro solo de Kirk Hammett (a quien Hetfield presentó como “The Ripper” –“El Destripador”–), acrobacias con el bajo y una energía escénica inagotable por parte de Rob Trujillo y, claro, la potencia y el talento sin fisuras de Lars Ulrich.

Tras el último acorde, y en lo que fue una continuidad con la actitud de la banda a lo largo del concierto, Metallica dedicó largos minutos a agradecer la presencia del público, y a intercambiar bromas y risas con las más de 60.000 personas que asistieron al Monumental de Núñez el viernes pasado.

Prometieron volver pronto. “Hicimos historia, Buenos Aires”, comentó un Hetfield cómplice durante la fecha del 21 de enero. Yo tuve la fortuna de, al menos, presenciar el show del 22. Y sí, retomo lo mismo: “Hicimos historia, Buenos Aires”. Como en cada nuevo paso que da Metallica.

Fotos: Télam.

A continuación, comparto con ustedes algunos de los videos que, inherentes al recital del viernes 22 de enero, subió a Youtube el usuario Warriorjefe:

Creeping death:

Fuel:

Fade To Black:

Broken, beat & Scarred:

One:

Enter Sandman:

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