Estados Unidos metió la cola: Lenín Moreno cede a las presiones de Mike Pence y Ecuador habilitará el ingreso de transgénicos


Tras la visita del vicepresidente norteamericano a ese país, Presidencia acercará a los jueces una orden directa para modificar la resolución que preparaba la Corte Constitucional ecuatoriana. El primer mandatario hace concreta su intención de atar el destino económico local a los requerimientos de la potencia del Norte


Por Patricio Eleisegui
En Twitter: @Eleisegui


El escenario, al menos hasta hace poco más de una semana, era de inevitable victoria para quienes reclaman el veto al desembarco irrestricto de los transgénicos en la escena agrícola de Ecuador.

De hecho, en las audiencias públicas de mediados de mayo el mismo abogado de la presidencia, Diego Guarderas, expuso ante los jueces locales la necesidad imperiosa de declarar inconstitucional la vigencia del artículo 56 de la Ley Orgánica de Agrobiodiversidad que, desde la modificación de junio de 2017, avala el ingreso de organismos genéticamente modificados (OGMs) a ese país.

Los gestos y la predisposición de Roxana Silva, jueza de la Corte Constitucional de Ecuador y coordinadora de las audiencias públicas mencionadas, hacían suponer un guiño judicial a favor de quienes argumentan ciencia en mano que la irrupción de los transgénicos representa una condena para la seguridad sanitaria y ambiental de ese territorio.

El pronunciamiento legal a favor de la prohibición se esperaba para estos días.

Y escribo se esperaba porque a fines de junio tuvo lugar una acción que, con antecedentes por demás de conocidos en América latina, cambió completamente el rumbo de la batalla contra los OGMs: Estados Unidos entró en escena.

Bastó la visita del vicepresidente norteamericano Mike Pence para que, por decisión directa del presidente Lenín Moreno y sus equipos técnicos, el esperado dictamen de la Justicia ecuatoriana que anulaba el desembarco masivo de los transgénicos quede completamente archivado.

La novedad le fue comunicada a una fuente especializada en legislación ambiental que, con llegada a la misma oficina de la Presidencia, dialogó con quien aquí escribe durante la noche del miércoles.

“Si es por el tema de los transgénicos, se me informó que no intente coordinar una nueva reunión con Lenín Moreno pues el tema ya estaba discutido y resuelto luego de lo hablado con Mike Pence. El vicepresidente de Estados Unidos arribó a Quito con la finalidad de fortalecer los lazos entre ambos países”, explicó a este periodista.

“Se me indicó que no se haría pública la incidencia de Estados Unidos en la decisión. Primero, porque no conviene por cuestiones políticas. Luego, porque claramente no es menester de Presidencia resolver casos constitucionales que están en manos de los jueces. Y aquí el Gobierno se metió en la cuestión de forma directa”, añadió.

La fuente con alcance al entorno de Lenín Moreno sostuvo que “Presidencia acercará a los jueces una orden directa para modificar la resolución que venía armando la Corte Constitucional”.

Los altos magistrados, daban por seguro las organizaciones que encarnan la oposición a los OGMs, se preparaban para dictaminar a favor de quienes proponen un Ecuador a salvo en lo que hace a seguridad sanitaria y protección de la biodiversidad. Tal resolución, se sabe ahora, nunca tendrá lugar.

La apertura a la entrada indiscriminada de transgénicos implica auspiciar la contaminación de las variedades locales de cultivos con manipulaciones de laboratorio, lo cual a la larga deriva en la extinción de las especies silvestres, además de expandir la producción, comercialización y uso de agrotóxicos dado el diseño que ostentan estas tecnologías.

En países como Argentina, el permiso de cultivo de OGMs redundó en una ampliación de hasta 60% en lo que hace a la frontera agropecuaria –con el consiguiente avance de la producción intensiva sobre bosques y otros ecosistemas que esto implica– y un incremento de hasta 1.000% en el uso de pesticidas. Todo esto, en el transcurso de sólo dos décadas.

Estados Unidos volvió a meter la cola en América latina.

El resultado para el Ecuador que viene, más allá de los matices respecto de otros momentos en la historia del subcontinente, será el ya constatado en otras latitudes: pérdida de soberanía, presión asfixiante sobre quienes producen alimentos a nivel local, quebranto de la autonomía política y legal en otro territorio de la región, y sometimiento del motor productivo del país a los capitales transnacionales que hoy controlan el agronegocio global.




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Patricio Eleisegui
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