Funciona con el sucesor del glifosato: Argentina prepara la aprobación del primer transgénico de trigo del mundo


Incorpora el gen HB4 para rendimiento en suelo seco o salino. Resistente al glufosinato de amonio, lo comercializará una alianza entre la local Bioceres y la francesa Florimond Desprez

Por Patricio Eleisegui
En Twitter: @Eleisegui

Entró en cuenta regresiva la aprobación comercial del primer transgénico de trigo.

Se trata de la variedad HB4 desarrollada por Trigall Genetics, una alianza estratégica conformada en mayo de 2013 por la local Bioceres y la francesa Florimond Desprez.

Bioceres tiene entre sus accionistas a Héctor Huergo, actual mandamás en Clarín Rural –de ahí las permanentes notas celebratorias de cada cosa que hace Bioceres- además de ex titular del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en 1994 y fundador de Canal Rural.

Otro de los inversores de calibre en la compañía es Gustavo Grobocopatel, presidente del Grupo Los Grobo, conocido gigante del arrendamiento de tierras, la siembra y el procesamiento de transgénicos, y la fabricación de agrotóxicos.

Surgida en la ciudad de Rosario en diciembre de 2001, la compañía nació como una sociedad conformada por 23 accionistas que decidieron inyectar capital a una naciente industria biotecnológica local.

De entrada, estos inversores se hicieron con algunos beneficios: obtuvieron del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) la cesión gratuita por 20 años de los terrenos donde todavía hoy funciona la sede misma de la firma y su controlado Instituto de Agrobiotecnología Rosario (INDEAR).

Por estos días, Bioceres nuclea a 303 socios accionistas con una porción de capital que no supera el 4,5 por ciento en cada caso, y factura a razón de 12 millones de dólares por año.

El HB4 parte de estudios iniciados en 2002 por un equipo de especialistas liderado por Raquel Chan, doctora en bioquímica e investigadora tanto del CONICET como de la santafesina Universidad Nacional del Litoral (UNL).

El descubrimiento parte de una casa de estudio pública y resultó financiado con fondos estatales. En esta instancia, la patente ya es propiedad de Bioceres, un privado que se hará con las regalías una vez que active la comercialización del transgénico.


Las imágenes que ilustran este comentario que les dejo corresponden a la primera prueba a campo de esta modificación genética.


Además de hacer gala de una aparente adaptación a suelos salinos o secos, el cereal en cuestión amplía la franja de uso de un plaguicida pensado para suceder al glifosato: el glufosinato de amonio.

En este caso en particular, el HB4 de Bioceres tiene “contrato de exclusividad” con la etiqueta de glufosinato de amonio “Prominens”, producido por la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA).

El plaguicida ya es objeto de estudios científicos que lo señalan como un compuesto capaz de afectar el sistema neurotransmisor de los humanos para inducir desde la pérdida de la memoria hasta convulsiones.

Por citar un caso, experiencias de laboratorio concretadas por la francesa Université d'Orléans constataron alteraciones cerebrales generadas por la exposición crónica al glufosinato de amonio.

Una vez liberado al mercado, el trigo en cuestión posicionará a la Argentina como el primer país del mundo en avalar el uso y explotación comercial de esta nueva manipulación de genes.




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Patricio Eleisegui
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