La tela insoportable

¿Hasta dónde llega esto de los dientes en chasquido para congelar labios? ¿Relojes? El calor. El estúpido calor de los abrazos de pescado me encorva aún más el espinazo.
Como una tela insoportable. Insobornable. Mía.
Ahí es cuando los momentos de bicicletas apuradas aprietan como la muela más ancha del viejo más hambriento. Calles lastimadas con sangre. De transeúntes clavados a los árboles. Sitiadas de ojos-hojas sin lagrimales.
Los dedos a la sombra de las cejas. Para otear a esa farsa que persigue y desembarca de lagos podridos de sal.
De moscas esculpidas en vidrio y aleteos en silencio.
De latas de arvejas oxidadas (que cualquiera puede hacer polvo con la sola presión de un talón). Pero... esas conservas perforadas son mi cubil. Junto al alambre que cercena la cabeza del flamenco. Las algas que no apagan el sol. Ahí me cocino: me incendio hacia adentro.
Y mis pupilas sólo son hollín. Un poco de ceniza. Un poco de carne quieta hecha grasa recalentada y carbón.
Morí sin nombrarte y eso me hizo mejor. Me volvió sapo atropellado, tripa enjabonando el asfalto y ningún lado. Certeza de ningún lado.
Afuera: puntas, filo y toxina. Eso me moja los pies cada vez que trato de mentirle un calendario a la parsimonia...
Sólo se puede ver hasta donde cubre. Se desgaja en puntos y redes. En cinceles agudos que penetran y embarazan. La tela insoportable.

Comentarios

Anónimo dijo…
hola!
mientras leía , estaba con mis dedos en la ceja, no a la sombra, y creo que hay diferencia de estado, claramente, con la sombra.
Abrazos Pato, desde santiaguito

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