Evidencias de la desesperación: La Trilogía (Parte I: El Alivio)
El alivio Prometió matarlo y ahí va, con la cabeza locuaz oculta en su mochila de princesa de clase media venida a menos. Marcha el cráneo jugoso sepultado entre páginas de Bolaño, el cepillo de dientes con el que pule los agujeros en los que pasa cada noche, y un paquete de papas fritas capaz de sobornar las indecisiones. Trepó al subte en la estación Castro Barros de la línea A y, en medio del bamboleo del convoy, la madera del vagón carcomida por las décadas, y el asiento de plaza de pueblo que la recibió como huésped, aprovechó, una vez más, para rememorar los detalles de la última fuga encubierta. Retornaron, como mordeduras hirvientes, los gritos y la súplica animal, la acusación en boca de ojos en trance diabólico, cientos de páginas transformadas en pájaros atravesando las paredes pálidas del departamento, el primer intento de escape -malogrado- y el empujón que la arrojó como una bolsa de ropa maloliente sobre el colchón todavía ca...