Una especie de monstruo

Algo de lo que, siempre dentro de los límites del automatismo psíquico, publico cada viernes en el colectivo Cadáver Exquisito que impulsan mi amigo Pierre Castro y otros escritores peruanos: Esto iba a ser a 4.800 metros de altura. Pero no lo fue. Ni lo es. Viene de más abajo; de una cordillera que no es la de los Andes, pero igual asombra por las lomadas que, como puntas de alambre de púas, asoman plateadas desde la misma piel. Como huesos astillados que un día decidieron romper la carne y se vieron sorprendidos por una nevada muda que los congeló para siempre. Viene de piernas que justo esta semana se quedaron sin aire debajo de la planta de los pies. Sin rocas al alcance de los brazos. Sin agujeros en los que descartar el semen hasta que el viento blanco pase y al alcance de las pupilas quede sólo el oro. El metal que, rascado con la uña, se hace espejo y te devuelve al esqueleto. Te pinta la cabeza de pelos. Te raya y cuadricula las mejillas con una barba capaz de apuñala...