El Trinche

¡Qué loco estabas, Trinche! ¿Cómo le vas a hacer caso a ese burlón que sólo piensa con el corazón y jamás con la cabeza? Pero vos no podías con el genio. La tenías que hacer. Y el “Meté un caño de ida y vuelta, Trinche, dale”, que te reclamó el otro pistola te encantó. Y ahí nomás hiciste la impensada. ¿Cómo era? Vos la explicás mejor yo: “Tiré un caño y cuando el defensor se dio vuelta le tiré otro. Lo hacía seguido, aunque ese día la cancha se venía abajo. Fue la única vez que se abrazaron los de Newell’s y los de Central”. Ah, pero esa no fue en cancha de Central Córdoba ni frente a Talleres de Remedios de Escalada. La que contás fue otra, Trinche. Fue en el baile que ese combinado rosarino armado con leprosos, canallas y vos, que no jugabas en ninguno de esos clubes, le pegó a la Selección que después Vladislao Cap llevó al Mundial de Alemania. ¿Te acordás la fecha? 17 de abril del 74. Bajaba el telón del primer tiempo y ustedes ya le habían metido 3 a la celeste y blanca. Después terminó siendo 1-3 para la Selección Argentina, la de todos bah, pero eso es lo de menos. No te podían parar. Y ahí hiciste inmortal tu caño de ida y vuelta. Los pasabas a todos como alambre caído. Largo como sos. Cap no lo podía creer. Tal resultó el susto del técnico que fue y habló con el flaco que dirigía a esos desfachatados rosarinos, a esos Kempes y Zanabria que recién mostraban las garras, para que te saque en el entretiempo. Y así fue. Y hubo quien lloró con los ojos entre las manos cuando la melena que todos queríamos tener, ser, miró la tribuna y salió caminando del césped. “La que tiene que correr es la pelota”. Infame. Ni siquiera levantaste una mano para saludar. Ya estaba. Los porteños no se olvidarían jamás de ese lungo que un día prefirió irse a pescar, en lugar de sumarse a los entrenamientos de la Selección que después armó Menotti.

¿De dónde saliste, Trinche? “Cuando tenía cuatro años un vecino me apodó y nunca supe por qué. Desde ahí siempre fui el Trinche”. Naciste con barba. Y debajo de esos pelos ocultabas la sonrisa previa a la jugada que nadie esperaba. En Rosario Central. En Central Córdoba. En Colón de Santa Fe. En Deportivo Maipú. En Independiente Rivadavia de Mendoza, cuando en otro arrebato de locura manejaste los hilos de una obra que terminó en derrota del Milán de Italia por 3 a 1. Dicen que tu habilidad generaba el peor de los sentimientos para el defensor rival: lo enamoraba. Te pedía que le hagas otro sombrero. Mataras el centro envenado con el muslo y le pasaras el fobal por encima de la cabeza, rozándole el flequillo, el remolino cercano a la nuca, para después irla a buscar del otro lado. Quebrar la cintura. Pintar un dribbling con el empeine. El pique cortito. “Es cierto que me sentaba en la pelota durante el partido. Pero no era una provocación. Por ahí ellos no presionaban y yo estaba un poco cansado, ja”. Lo tuyo es incurable, Trinche. Me contaron que en Central Córdoba te daban premios extras por los caños. Y los viejos que todavía se rayan el pecho con los colores de Los Andes nunca olvidan que fueron ellos mismos, sí, tus rivales, los que esa vez que te olvidaste el documento recontra juraron ante escribano público que vos... eras vos. Sin dar un pase ya los habías enamorado ¿ves? “Me querían ver jugar”. Bigote que flamea. Pekerman dice que, a la hora de armar una Selección Argentina de todos los tiempos, vos sos el dueño de la 5. Para siempre. “Es el futbolista más maravilloso que vi”, comentó una vez. Yo justo me estaba bañando, pero lo escuché más tarde, cuando lo repitieron en la tele.

¿Pero si no jugaste ni en Boca ni en River? No podías pasar desapercibido, Trinche. Tu vida está marcada por el simple hecho de ser un lobizón: séptimo hijo varón de un plomero yugoslavo que se mojó las patas en el Paraná rosarino por primera vez allá por la década del 30. Y no se fue más. Apareciste vos. El crack de los ojos en la nuca, como murmuró un compañero tuyo una vez. Vos le dabas la pelota a él y estabas salvado, dicen otros. ¿Fue para tanto? El cambio de frente milimétrico no lo inventaste vos de milagro. “El Trinche anticipó cosas que después se le vieron a Claudio Borghi”, confesó Fontanarrosa una vez, sentado en El Cairo. El Negro sí que no le erraba. Había más: La gambeta intratable puede que haya nacido en esos picados por el interior santafesino que tanto te gustaba jugar con hermanos y amigos. Pero siempre volvías. A ese Central Córdoba. “Lo más grande que me dio la vida”. No te convenció el Cosmos de Pelé, cuando te vinieron a buscar. Saliste rajando para el barrio La Tablada cuando aparecieron de Francia y el Inter Italiano.

Y un día te paraste. No pusiste la suela y la pelota siguió de largo. Te hiciste el ex durante un tiempo. No lo podías aguantar. Trotaste otra vez a los 37 años, en 1986. Pero ya estabas para otra cosa, por más que siempre quisiste “disfrazarte y entrar un poco a la cancha, aunque sea diez minutos”. Frenaste el taco justo el año en el que Diego se consagraba en el Mundial 86 ¿a vos te parece? Cosa de locos. Después... Después vino la vida, Trinche. Un amigo gordo de Central Córdoba que rompe en llanto cuando le preguntan quien fuiste. Hasta que el Diego pisó Rosario para jugar en Newell’s. Sí, en el 92. Y alguien dijo: “es un orgullo recibir al mejor jugador”. Y Maradona, inmenso, creador de magia y amante honesto de la habilidad ajena, respondió: “El mejor jugador ya jugó en Rosario. Y es un tal Carlovich”.

Tomás Carlovich.

Comentarios

Bruno dijo…
Ey, pato, cuando quieras venite a rosario y te hago un buen tour de carlovich (quien dice que no podamos conseguir la dir y que lo conozcas).

Lo unico que no me gustó es lo de maradona en nob... che, no tenes un dvd con los goles no? Nos lo vi... Y jugando el clasíco? Ah, cierto que no lo quizo jugar porque es amigo de Fito.

En fin. Exelente texto. Capata TODA la magia y el mito que es el Trinche. Un idolo. Sin dudas. Aun en la cancha de central cordoba se respira el mito que es, cuando alguna que otra vez vamos a jugar un partidito al parque alem o a las canchas que hay ahi atras.

Dicen es un tipaso, que el barrio (vive por zona oeste) todos lo quieren. Qué sé yo.

Jugó el central, tambien sé, y se fue del club porque no le gustaba entrenar. Ahi pasó a central cordoba, donde los viejotos fanaticos de Charrua, se les llena los ojitos de lagrimas cuando hablan de su trinche. Algo parecido a lo que les pasa a los de Central cuando hablan, allá en la platea techada, de su Kempes, o a los de nob, cuando recuerda a nuestro Kempes :P


En fin. Groso el Trinche.
Andrelo dijo…
Ni idea cómo llegué acá, pero aquí estoy.

Genial el post.

Será verdad que existió el Trinche ?

No importa, sólo la esperanza de que haya existido le da un poco de sentido a todo esto.

Un torpe intento mio de algo así como una poesía:
http://andreloweb.blogspot.com/2009/06/lennon-no-la-toca-define-va-al-angulo.html

Abrazo de gol

Andrelo

PD: blogdepapelesblancos.blogspot.com

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