Josefa

A mí nadie me va a venir a contar lo que es una calle. Y menos lo que es una calle bañada de sangre. Nadie me lo va a enseñar. Porque yo estuve ahí, detrás de los árboles. Viéndolo todo. Y luego llegué acá. A esta ciudad que tiene mucho de promesa y muy poco de verdad. ¿Qué importa si fue en barco o en avión? ¿Si acá me dieron de comer asado, o de tomar vino, o de vestido la pollera de una mujer bailando el pericón un 25 de mayo? A mí me preguntaron el nombre, que anotaron como se les antojó porque no es lo mismo llamarse “Sabiha” que “Sabrina”, o “Josefa” en lugar de “Safeta”, pero no les importó. Había que hacerme creer que estaba en casa, o que de donde venía era la peor casa del mundo, y acá estamos: con las cosas más fáciles porque aprendí rápido la lengua. Porque tomo el mate más amargo del mundo y llego a las lágrimas con las canciones de León Gieco. Que me canta a mí. Me enamoré de ese búsquenme, me encontrarán, en el país de la libertad. Que para mí fue este, aunque mi liber...