Seis décadas de Papá

¿Cuántos tenías? ¿Tres? ¿Cuatro años? Nene sin juguete que aprendió de chico el arte de traer la monedita a casa: empezaste limpiando lápidas en el cementerio de Trenque Lauquen. También hubo que cambiarle el agua a los adornos florales. Tan chiquito, patitas flacas como una escopeta de dos caños, y ya sabiendo tanto de la muerte. Hijo de un gaucho irlandés de pinta, caballo y guitarra: te lo mataron antes de que pronunciaras la primera palabra. Sin adivinarlo, Patricio se llevó con él la promesa de esa infancia común, de nene preocupado sólo por salir a jugar, que nunca tuviste. Tocó crecer sin el sostén paternal de la planta que suelta cuando se debe. Madurar antes de ser fruto. Pero fuiste hacia adelante. Primero, cementerio. Después, el reparto de leche en carro. Más tarde: canillita del diario La Opinión. Siempre detrás de la monedita, porque había que apuntalar el rancho. Porque Idolina, tu mamá, aunque se doblaba el lomo todas las madrugadas cortando kilos y kilos de carne en...