Evidencias de la desesperación: La Trilogía (Parte II: Efecto)
Efecto Los párpados pesados, resquebrajados, somnolientos, rígidos, abultados de sangre urgente, punzantes, cobardes. El cuello enredado, como sogas cruzadas de puertos abandonados, ligas de carne que se entrecruzan sin aceite. Y entonces pesan, se acortan, sujetan y oprimen como una rienda dolorosa. Primero tensan el pensamiento y luego lo acarician hasta que llega el sopor. Más abajo está el vientre, que encierra el fuego, la lava inoxidable, bañándolo todo, como un lago agitado dentro de una botella sin corcho. A la deriva. Las olas socavando barrancas de carne húmeda. Mareas vivas por el revuelo de barcos invisibles. Agua pesada que quema. En la que flotan grumos de pan disuelto. La arena líquida sube hasta rozar el límite de los acantilados. Pero jamás llega el desborde. Las barrancas ascienden hasta que el paisaje se transforma en un tubo inodoro. El magma se detiene siempre un metro antes de rodar por la superficie. De huir ...