Sin moscas (Vuelven)
Siempre es igual. Repugnantemente igual. Me confundí con el pálido de los azulejos casi a la carrera. Cualquiera podría haber pensado que se trataba de un malón, o quizás de esa ansiada rebelión de proletarios que la izquierda, siempre más anticuada e insulsa que un argumento del asexuado Borges, aun hoy se encarga de gemir -con lastimosa dislexia- a los cuatro vientos. Lo concreto. Fue: atropellé a puñetazos la puerta de madera gris. Luego, friolento y sin peinarme, destrabé costuras y derruí prisiones de tela azul (blanca y roja) Qué decir... al instante, la preocupación era otra: flexionadas las rodillas, el problema fue encontrar, en medio metro a la redonda, al menos un envase de shampoo para leer. Aún cuando el producto se comercialice en arameo... Enseguida, inesperadamente esperado, un dolor complaciente incita la curiosidad. Mirar hacia abajo. Entre las piernas. Aspirar el vaho de lo que ya no existe; contemplar el humo transparente que, testigo de una muerte, se confunde con...